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viernes, 17 de abril de 2015

El "sarmiento" de Jerez


El mi estudio y trabajo se he concentrado en el area oeste del casco histórico de Jerez : un area llena de bodegas sin función y que necessita de un fuerte desarrollo .

El proyecto empieza da los lugares ya existentes:


- eye curvo de la muralla (el sarmiento ) donde son colocadas tres puertas de la ciudad , como la famosa puerta de la rota y la puerta donde una vez pasaba el arroyo.

-eje de las carretera dentro del casco histórico 
-las importantes atracciones ya existente como :el museo arqueológico,el convento de Espíritu Santo, el palacio de Riquelme , la antigua iglesia de San Mateo, las antiguas bodegas el Fundador y la Catedral , hasta llegar al alcazar. 

A lo largo de estos lugares se encuentran áreas que necesitan desarrollo :

-pequeñas plazas que ahora se utilizan como aparcamientos temporales.

-las antiguas bodegas , importante centro turistico y por la producción del vino . 

El proyecto "el sarmiento " de Jerez quiere crear una connession entre estos lugares y también crear una nueva "vida" por esta parte del casco histórico, como el sarmiento es la vida y la conneccion de la uva ,creando:

-area de Co-working  : edificios de uso publico , privado y para talleres artesanal
-nuevas plazas de encuentro para los habitantes
-nuevas áreas de juego para los niños 
-nueva economia turísticas : valorizar las importante atracciones ya existente con la connession entre ellos y las plazas 
-nuevas viviendas
-nuevas aéreas de aparcamiento 


jueves, 26 de febrero de 2015

Social Housing : Sostenibilidad y Arquitectura Bioclimática



<<"La casa a bajo costo" es una excepción que adquiere un significado diferente al paso del tiempo en relación con el cambiante significado de las palabras "casa" y "costo": las claves para reconocer una serie de innovaciones que marcan la historia reciente construcción italiana y arquitectura de la tecnología. La definición del costo de un edificio es una cuestión clave para cada edificio y cuanto más se está tratando con el tema de la "Social Housing". >>

Así Maria Antonia Barucco (profesor de la Universidad de Arquitectura de Venecia) escribe en el artículo "Vivienda Social de costo, calidad y sostenibilidad ", definiendo así la vivienda social el resultado de un proceso evolutivo del concepto de " casa", desde la secunda guerra mundial.
La profesora Barucco esplica como el valor de un " activo" , como la suma de sus costos de producción ("costo natural", que es, por supuesto, vinculada a la producción) y el valor asignado al mismo en virtud de una serie de causas contingentes ("costo actual", es decir los aumentos o disminuciones a los cambios de requisitos o modo).

En los años 60 la cantidad era el objetivo principal y por lo tanto el tiempo de construcción debe ser tan corto como sea posible, sólo es posible con una innovación de la tecnología de la construcción. Se hicieron los primeros intentos de prefabricación y procesamiento trasladado desde el patio de la fábrica. 

Veinte años después, el objetivo principal se convirtió en lugar de la calidad, aspecto totalmente no considerados anteriormente; comenzó a pensar en la casa como un edificio que era asegurar la mejor respuesta posible a las necesidades del usuario. Evolucionan a medida que las tecnologías de la "social housing" : ladrillos principalmente huecos y hormigón que se tiran a crear encofrado reutilizable menudo desconcierta y losas.

En épocas posteriores, en lugar de procesar proyectos en todo el "enfoque" palabras y "rendimiento". En el diseño de la "social housing" se convierte así en esencial para reducir el coste generalizado y para alcanzar las metas edificios deben ser diseñados para adaptarse con el tiempo, es decir, para satisfacer la necesidad de adaptación y flexibilidad de los espacios e instalaciones.


En tiempos más recientes se introdujo en su lugar el término "sostenibilidad", que ahora se utiliza principalmente para centrarse en la necesidad de un mayor respeto por el medio ambiente natural, es necesaria para "satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias ". Se introduce, en el proyecto , el término "eco-compatibilidadcon un buen diseño de materiales y tecnologías que asegurarse de que no se dañe el medio ambiente natural gracias a las directrices (por ejemplo, ISO, etc.) que introducen las estimaciones de los impactos ambientales derivados de la construcción.
Todo esto es posible gracias a una planificación cuidadosa y flexible, la creación de espacios de fácil mantenimiento y convertible.

Esta investigación de la compatibilidad ambiental en proyectos de vivienda social, se traduce sobre todo en la creación de "casas bioclimáticas."

Las casas bioclimáticas están diseñados y construidos para el máximo confort térmico con tecnología con un gasto mínimo de energía.!
Sobre la base de diseño bioclimático es la estrecha relación entre el edificio y el medio ambiente en el que se inserta. No sólo, por lo tanto, apoya la necesidad de diseñar edificios, teniendo en cuenta el clima del lugar, sino también de muchos factores ambientales, morfológicas, físicas y geográficas: la temperatura media anual, la altitud, la presencia o ausencia de alivio, la humedad, la lluvia importe medio , la frecuencia y la intensidad de los vientos, y ecc.
Así que la tecnología bioclimática se convierte cada solución que tiene como recurso fuente de energía renovable y no sólo contribuye a la satisfacción inmediata de una necesidad funcional, sino a la necesidad más amplia para restringir el uso y consumo del medio ambiente, con el fin de visión sostenible del proceso de construcción.!Entonces cuando hablamos de arquitectura bioclimatica podemos hablar de sostenibilidad. !



Bibliografía:
  • Articulo : "Social Housing fra costo , qualità e sostenibilità "- Maria Antonia Barucco
  • Articulo: "Tecnologie bioclimatiche per l'architettura" - OkologisCh Teknologie 

THE NEW ECO-ARCHITECTURE

THE NEW ECO-ARCHITECTURE 
Alternatives from the Modern Movement 
PORTEOUS, Colin

Capítulo 1: 1927- A Chronological Milestone (1927- Un hito Cronológico)

Colin Porteous nos dice que para empezar a hacer su análisis de la arquitectura moderna debe primero establecer un punto de partida. Ese punto seria el año 1927 por presentar la primera publicación en inglés de “Towards a new Architecture” de Le Corbusier, así como la construcción de la “Stein house” en Garches. También ha sido el año de la exposición de Weissenhofsiedlung en Stuttgard y de la apertura del departamento de arquitectura en la Bauhaus, entre otras cosas. En la exposición de Weissenhofsiedlung, Doesburg dice:

“Every material has its own energy force, and the challenge is to enhance this energy force to its máximum by proper application(…) The correct, logical use of the modern materials will cause the new form of architecture to emerge quite involuntarily.”[1]

Es decir el año de 1927 es un año donde diversos factores actuaron al mismo tiempo, haciendo de él un buen punto de partida para el inicio de su análisis.
Porteous empieza su análisis al decir algunos de los problemas generales que la arquitectura generadora del “estilo internacional” presentada en la exposición de 1927 tenía. Según él, uno de los puntos débiles era el punto de encuentro de los elementos verticales con los horizontales. La gran presencia de proyecciones de elementos horizontales y verticales, aunque posean una función estética y un objetivo práctico como proteger la fachada del agua o servir de antepecho (por ejemplo), poseen el inconveniente de tener en sus terminaciones un punto vulnerable.
Otro problema seria las diferentes camadas de materiales utilizadas en el interior y exterior de las construcciones. A pesar del reconocimiento que “malas construcciones llevan a malas superficies” Doesburg y otros arquitectos en 1927 estaban preocupados demasiadamente en lo que es visible, buscando así una paridad estética entre el interior y exterior de sus construcciones. Por lo tanto, papeles de pared que antes solían ser utilizados como revestimientos interiores fueron substituidos por yeso pintado y el estuco liso pasó a ser más utilizado que las piedras, ladrillos, madera y otros en el exterior. El principal problema de añadir más materiales en el acabamiento es que la diferencia entre las propiedades termales entre ellos puede resultar en un colapso.
Esa misma mezcla de materiales ha llevado muchos arquitectos modernistas a buscaren la delgadez de sus construcciones. Delgadez era asociado con ligereza y eficiencia y por lo tanto la construcción de una fina pared de hormigón armado posibilitaría un gran vacío y bastaba revestirla con un una fina camada de corcho, por ejemplo, para ofrecer protección y eficiencia termal que ella necesitaba. Pero ni todos hacían sus construcciones con la misma eficiencia constructiva o térmica, lo que sumado con los problemas dichos anteriormente hacía con que hubiese diferentes líneas de construcción y por consecuencia diferentes precios. Por eses problemas el “estilo internacional” de 1927 era más arriesgado que el tradicional. Riesgo es algo inevitable para un empresario que busca cambios radicales pero generalmente los inversores son conservadores, lo que hacía con que financiamientos de clientes particulares fuesen de inestimable valor para los primeros experimentos del Movimiento Moderno.
No bastando apenas las barreras financieras, pronto empezó a haber contradicciones ideologías donde ahí se destaca la figura de Frank Lloyd Wright. Para él la estética lisa del “estilo internacional” no tenía sentido, prefiriendo las texturas visibles de piedras, madera y ladrillos, y se tornando por lo tanto uno de los mayores opositores de este estilo. Parcialmente en reconocimiento del fallo constructivo de las superficies lisas, surgieron también estrellas europeas como Le Corbusier que empezó a explicitar los materiales y texturas y ha dado fuerza para la ideología “monomaterialista”.
Según Porteous , en líneas generales el movimiento se ha dividido en esas dos corrientes constructivas que siguieron parcialmente hasta los días de hoy, siendo la del uso de múltiplos materiales la que más ha crecido hasta entonces pero que debido a la creciente consciencia ecológica hoy el uso de solo uno material está volviendo a reafirmarse, como es posible de ver en el uso de las “paredes de tierra” en algunas construcciones actuales.
Por lo tanto, en su análisis final el autor dice que solo la observación de las construcciones hechas en los años veinte y treinta no van hacer con que los errores de hoy desaparezcan, pero pueden permitir con que haya una mejor interacción entre la ciencia y la arquitectura práctica a través de preguntas y la búsqueda de respuestas sobre esa época.
            Como ejemplo de cuestiones que pueden ser planteadas está la del uso de los materiales. Porteos se pone como un defensor de la construcción monomaterialista ya según él ella es una opción mucho más ecológica y sostenible pues no solo acabaría con el problema de las diferentes propriedades termales pero haría también con que su logística fuera mucho más sencilla ya que casi todos los componentes de la construcción podrían venir de un mismo proveedor, reduciendo así en muchos casos su complejidad, tiempo de construcción y gastos con los obreros.




[1] “Cada material tiene su propia energía y el desafío es mejorar esa energía hasta el máximo a través de la aplicación correcta de él (…) El correcto y lógico uso de los materiales modernos irán hacer con que la nueva forma de la arquitectura se enseñe involuntariamente.” (Traducción por el autor) COLIN, Porteous. The new eco-architecture. Página 3 Primero Apartado.

Arquitectura Sostenible para el Siglo XXI



Arquitectura Sostenible para el Siglo XXI
El Imperativo de la Sostenibilidad


La sostenibilidad – o el camino hacia ella- será un imperativo del siglo XXI. En un planeta que, desde el punto de vista físico, es un "sistema cerrado" en términos de recursos materiales y que sólo puede considerarse como un "sistema abierto" en términos energéticos, gracias al aporte de la energía procedente del sol, resulta ineludible abordar la finitud de los recursos materiales y energéticos, reconduciendo los procesos humanos hacia las fuentes renovables y el consumo material mínimo.
Como es sabido, la construcción y el gasto doméstico son responsables del 50% de la energía consumida en el planeta, el transporte de otro 25% y la industria del 25% restante. De modo que el diseño del hábitat humano, desde la ciudad hasta la vivienda, resultan ser transcendentales para reconducir los ineficientes patrones de nuestras sociedades hacia el camino de la sostenibilidad.


La cuestión bioclimática en la arquitectura, desde la Revolución Industrial hasta el Eco-tech
La Revolución Industrial introdujo la idea de que el hombre podría liberarse, a través de la tecnología, de las limitaciones impuestas por la naturaleza, de las penalidades del mundo físico. En términos urbanísticos y arquitectónicos ésto supuso que las ciudades perdieran su tradicional equilibrio e integración con el entorno –abasteciéndose de recursos y desplazando sus vertidos a otros territorios, todo ello posibilitado por el desarrollo de nuevos medios de transporte y almacenamiento de materiales y energía- y que los edificios se encerrasen en sí mismos buscando el acondicionamiento climático perfecto ofrecido por la tecnología, para superar definitivamente las inclemencias climatológicas, la adversidad del medio exterior. Para ello, los edificios se volvieron máquinas herméticas y aisladas de un medio externo que se entendía sistemáticamente como hostil, y se centraron en la creación de un clima interior regulado artificialmente, lo cual sólo fue posible a costa de un elevado consumo energético.
El Movimiento Moderno genuino propuso –además de la racionalización, el funcionalismo y la estandarización/industrialización de los procesos constructivos- un modelo de arquitectura fuertemente abstracta, en el sentido en que no hacía referencia –como tradicionalmente venía siendo habitual- al lugar donde se instalaba, sino que se limitaba a plantear un juego formal de volúmenes prismáticos con una importante voluntad de inmaterialidad en su configuración exterior (planos exteriores tersos, blancos, frente al material inmaterial por excelencia: el vidrio, esquinas desmaterializadas, etc.) representando así su alejamiento figurativo del mundo físico. Como máximo, el afán higienista llevó a buscar el soleamiento en las viviendas, produciendo ese alineamiento heliotrópico característico de los bloques lineales que hoy resulta un tanto ingenuo. A este modelo se le denominó "estilo internacional" y se difundió, como su nombre indica, a escala planetaria, obviando e imponiéndose sobre las formas de habitar autóctonas que estaban soportadas por siglos de evolución adaptativa al medio en que se asentaban.
Porque si volvemos la vista atrás, a la historia de la arquitectura previa a la Revolución Industrial y a la arquitectura popular tradicional, encontraremos numerosos ejemplos en los que la sostenibilidad está presente, ya que la integración en el medio y el consumo eficiente de materiales y energía eran entonces cuestiones ineludibles ligadas a la mera supervivencia humana.
No obstante, también dentro de la arquitectura de vanguardia del siglo XX pueden encontrarse ejemplos de sensibilidad hacia el medio y de integración en éste. Más allá de ese Movimiento Moderno ortodoxo y heróico –por su voluntad rupturista con la historia- propio de los primeros tiempos, la segunda generación de los años 50 y 60 demostró una sensibilidad mucho mayor hacia el lugar y el medio en que se implantaban los edificios. La evolución del mismo Le Corbusier es muy ilustrativa a este respecto: si en el comienzo de su carrera se interesó (de la mano de Carrier, padre del aire acondicionado) por la “respiración exacta” de los edificios y por el “muro neutralizante” (junto al fabricante de vidrio Saint Gobain), tras el fracaso del gran muro cristalino de la fachada de la Ciudad del Refugio de París (1936) se replanteó la cuestión de la piel de los edificios, desarrollando la idea del “brise soleil”, para terminar con una aproximación al lugar y al clima mucho más apropiada en sus últimos proyectos de la India (villas Shodhan y Sarabhai, Chandigarh), gracias a una fructífera reinterpretación de la arquitectura vernácula. Entre las obras de casi todos los grandes maestros –quizá con la excepción de Mies van der Rohe- pueden encontrarse ejemplos que demuestran una cierta sensibilidad ambiental, tales como el Solar Hemicycle (casa Jacobs) de Frank Lloyd Wright, los edificios de Louis Kahn en Dacca o el proyecto de Lusaka, la mayor parte de la obra de Alvar Aalto, etc. Todavía fueron más sensibles aquellos arquitectos que desarrollaron su estilo personal mediante la síntesis de algunos principios del Movimiento Moderno (funcionalismo, racionalismo, etc.) con la adaptación al contexto donde trabajaron, separándose del “estilo internacional” para hacerlo regional –y por tanto más adaptado a las condiciones climáticas y a su contexto natural y cultural-: Luis Barragán en México, Sverre Fehn en Noruega, Ralph Erskine en Suecia, Hassan Fathy en Egipto, etc.
El objetivo de estos arquitectos, como el de los constructores anónimos de la arquitectura popular, no fue ya liberarse de la naturaleza, sino integrarse en ella, incorporarse a sus procesos sin alterar sus equilibrios. El medio exterior dejó de ser entendido no como un adversario, y pasó a considerarse como un aliado; incluso en condiciones climáticas extremas como en las que trabajó Erskine en el círculo polar o en los proyectos del desierto de Hassan Fathy, tal y como también han hecho en circunstancias similares los esquimales o los pueblos trogloditas de Túnez.
En los años 60 se publicaron los primeros textos que incidían en la integración de la arquitectura en el medio -como los de Ian MacHarg (1967), Victor Olgyay (1963), Baruch Givoni (1969) o Edward Mazria (1979)- sentando las bases teóricas y científicas de todos los aspectos técnicos relacionados con el confort humano y de lo que se denominaría arquitectura bioclimática. En los 70, la crisis del petróleo volvió a despertar el interés por la energía, y aparecieron las primeras generaciones de edificios que se autoproclamaban bioclimáticos. La principal preocupación de estas arquitecturas era la de conseguir un eficiente comportamiento térmico, por medio del cual desarrollaron un lenguaje que explotaba los recursos de los dispositivos de acondicionamiento ambiental pasivo o de captación solar, con una estética "militantemente bioclimática". Más allá de esta militancia y de su eficiencia energética, desde el punto de vista arquitectónico, la mayor parte de los edificios de esta época (por ejemplo, los de Thomas Herzog) no habían encontrado todavía un lenguaje arquitectónico capaz de incorporar los dispositivos bioclimáticos, de tal manera que su imagen oscilaba entre la de un extraño artefacto tecnológico y la del invernadero, y se quedaban, en muchas ocasiones, en el injerto o yuxtaposición de una serie de dispositivos ingeniosos para el control climático sobre una estructura figurativa previa, que nada tenía que ver con aquellos dispositivos.


El caso del automóvil
Algo similar había ocurrido, por ejemplo, cuando se inventó el automóvil; cuyos primeros prototipos simplemente injertaban el motor sobre la forma del carruaje, que era una estructura formal sobradamente conocida en aquel momento y cuya función podía asimilarse a la que estaba proponiendo el nuevo invento del automóvil; no fue hasta tiempo mucho después que se desarrolló un esquema figurativo propio y exclusivo para el automóvil, ya bien diferenciado del carruaje. La eficiencia de las prestaciones ligadas a la velocidad, la seguridad, la aerodinámica, etc., los avances tecnológicos y las condiciones de comercialización masiva han ido modelando, desde entonces, aquellos diseños iniciales hacia las bellas formas funcionales que hoy conocemos, produciendo un fructífero repertorio tipológico. Así, también los primeros edificios que se proclamaron bioclimáticos tenían aún algo de arquitectura convencional en la que se adosaban, injertaban o empotraban aparatos ecoeficientes o gadchets tecnológicos, metafóricamente análogos a los carromatos con motor.
A finales de los setenta y principios de los ochenta se produjo una nueva revolución tecnológica –para algunos tan importante como la revolución industrial- y con ella surgió la arquitectura high tech, que pronto se aliaría con esta línea bioclimática para producir el estilo híbrido del eco-tech, representado por Norman Foster, Richard Rogers, Renzo Piano, Michael Hopkins, etc. De modo que una parte de la cultura arquitectónica de vanguardia actual ha retomado como uno de sus ingredientes, de forma más o menos rigurosa, el diseño con criterios ambientales, sobre todo centrados en la eficiencia energética –es decir, en cuestiones bioclimáticas-. En todos estos arquitectos está presente de nuevo la fe optimista en la tecnología, que retoma las ideas de algunos pioneros como R. Buckminster Fuller o Jean Prouvé. Para Buckminster Fuller la tecnología era el medio para conseguir más con menos, lo que significaba la búsqueda de una eficacia profunda en la utilización de menos materiales, menos energía y menos tiempo. Esta noción es central en la mayoría de los arquitectos high o eco-tech, y supuestamente constituye el principal argumento expresivo de la arquitectura que producen, porque a diferencia de lo que ocurriera en los años 70, ya se ha encontrado un lenguaje arquitectónico con expresión propia capaz de incorporar eficazmente los dispositivos bioclimáticos o, en el mejor de los casos, cuyas primeras concepciones formales se derivan directamente de requerimientos relacionados con la sostenibilidad, tras haber sometido al proyecto arquitectónico a nuevas exigencias, tales como la eficiencia energética, el tratamiento de los materiales, la utilización del agua, etc. De este modo, puede decirse que las vanguardias eco-tech y high-tech han abierto una línea de experimentación formal ciertamente sugerente, partiendo de una transformación verdadera y completa de las reglas compositivas de formalización hasta ahora utilizadas y no de la mera superposición de una serie de gadgets tecnológicos sobre estructuras formales preconcebidas o tradicionales
Volviendo al concepto de tecnología de Buckminster Fuller, como idea, es difícil no compartirla. Incluso podemos encontrar también esta eficiencia en la arquitectura popular, ejemplar en el desarrollo de modelos óptimos con rendimientos máximos y mínimo consumo de materiales o energía. Sin embargo, en la mayoría de los edificios adscritos al eco-tech la supuesta eficiencia profunda no es tal, por más que las formas y la vistosidad de los diseños arquitectónicos se empeñen en destacar su supuesta optimización del consumo de recursos. En efecto, si –desde el punto de la eficiencia- se considera y contabiliza toda la energía y los materiales consumidos en todo el ciclo constructivo (desde la extracción de los materiales, su fabricación, puesta en obra, etc.), la vida del edificio (consumo energético para el acondicionamiento climático, mantenimiento, etc) y los residuos que éste genera, la mayoría de las arquitecturas eco-tech, o las que hoy se presentan como sostenibles, son muy poco eficaces según los parámetros de Buckminster Fuller. Posiblemente, el consumo energético para la fabricación de determinados materiales, el transporte de los mismos, los residuos futuros que generarán, etc. no compensen el ahorro energético que seguramente consigan en el aspecto del acondicionamiento térmico: en lugar de conseguir más con menos, consiguen más con más, lo cual nos aleja bastante de esa optimización buscada. De modo que, en pos de la verdadera eficiencia profunda, debe ampliarse la mirada desde la simple consideración de los aspectos bioclimáticos a las relaciones e interacciones complejas que forman parte del concepto mucho más amplio de la sostenibilidad.
Por otra parte, esta vía de innovación tiene serias limitaciones en sus planteamientos. La experimentación formal de vanguardia tiene como objeto, en la mayor parte de los casos, edificios de carácter singular, donde es habitual que se aplique la lógica del “prototipo construido”, de la obra única e irrepetible, y por lo tanto difícilmente extrapolable como solución generalizable para resolver un problema que ha adquirido una dimensión global, pues tal y como indicábamos al principio la mayor parte del consumo energético mundial está actualmente relacionado con la vivienda y los asentamientos urbanos.
Así pues, este tipo de propuestas suponen un paso más; pero aún muy insuficiente. La insostenibilidad de nuestros asentamientos se encuentra en el modo en que se produce masivamente la edificación residencial, en el modelo urbano que sirve de patrón a esta producción y en los hábitos de consumo asociados. En definitiva, si la vanguardia arquitectónica quiere contribuir en el esfuerzo de habitar de un modo más sostenible ha de entender que sus experiencias deben dotarse de un cauce para transvasar conocimiento y tecnología a la producción masiva de edificios.


Lecciones de sostenibilidad de la arquitectura popular
Si una parte fundamental del problema se encuentra en la insostenibilidad de nuestros asentamientos, revisemos por un momento otras etapas históricas en las que éstos tenían metabolismos con equilibrios duraderos.
Como nos recuerda Chombart de Lauwe, el sentido inicial de la ciudad fue la demarcación de un límite que separara el universo de lo humano del resto del Cosmos. En los actos fundacionales de la ciudad romana el arado marcaba un límite sagrado en el que la tierra que se levantaba había de verterse hacia el interior del recinto delimitado. La muralla medieval límite jurídico, fiscal, pero sobre todo social, permitía que floreciera una forma de vida con rasgos de autonomía y anonimato, algo que sólo es posible con una cierta masa crítica de intercambios, todos ellos clarificados por la existencia de un límite. La ciudad como forma de vida, como diría Wirth, históricamente ha sido posible porque ha existido un límite.
Este límite iba acompañado de la conciencia de que había un territorio finito y cercano (el alfoz de la ciudad medieval) servidor de su metabolismo urbano. Los recursos eran locales y la capacidad de transformarlos fue relativamente escasa hasta la incorporación de la Revolución Industrial y sus modos productivos al ámbito de lo urbano. Hasta ese momento, la producción del caserío estaba basada en la autoconstrucción, por lo que las soluciones de diseño y las técnicas constructivas debían estar muy ajustadas a los recursos accesibles en ese territorio local, y estos recursos debían de ser tratados de modo que no se agotaran unos mínimos para asegurar la reproducción social.
De este sistema organizativo aún quedan muestras en el mundo rural español. Por ejemplo, en la Sierra de Ayllón en la provincia de Segovia, al norte de Madrid, el sistema de asentamientos conformado por los núcleos pertenecientes a los municipios de Riaza y Ayllón están situados con separaciones que son proporcionales a la cantidad de pastos necesarios para mantener las cabezas de ganado que hay en cada pueblo. El control social sobre este sistema era muy alto ya que la salida del ganado al monte estaba colectivizada, las familias se turnaban en pastorear todas las reses del pueblo, con lo que el tamaño de la ganadería para que fuese operativo este mecanismo había de ser necesariamente limitada.
El control del territorio y conciencia del límite del crecimiento es llevado también a la construcción de las viviendas y por tanto, de forma extensiva, al sistema de producción del caserío. Veamos otro ejemplo. No muy lejos de la comarca de Ayllón, en la Sierra de Francia, también en el Sistema Central que divide en dos la meseta de la Península Ibérica, se encuentran pueblos con tipos edificatorios más elaborados en cuanto a su tecnología constructiva y por tanto formalmente distintos, pero que comparten con los de la Sierra de Ayllón esta lógica de austeridad e inteligencia en la explotación de los recursos. Los habitantes de esta comarca, cuando querían construir una casa cortaban un castaño de los montes comunales para prepara la “viga madre”, elemento estructural que simbólicamente aguantaba las dos plantas vivideras de la casa sobre la cuadra de la planta baja. El árbol del que se sacaba esta viga era repuesto por otro castaño para permitir que la siguiente generación pudiera a su vez construirse su casa. Este es sólo un ejemplo, pero nos permite afirmar que el funcionamiento de los asentamientos preindustriales se ajustaba bastante bien a la lógica de lo que hoy denominamos sostenibilidad, pues estaba perfectamente asumida la idea que los recursos son limitados y por tanto, si se utilizan, hay que reponerlos.


De las lecciones de la arquitectura tradicional al proyecto contemporáneo
La edificación como proceso sostenible puede tener en la arquitectura tradicional un referente claro para modificar la producción de vivienda convencional, que abre una vía en paralelo y complementaria de acumulación de conocimiento y experiencias que proceden de la experimentación formal de la arquitectura de vanguardia realizada con criterios ambientales. Como señalaba B. Rudofsky en Architecture without architects: “la filosofía y el conocimiento de los constructores anónimos es la mayor fuente no aprovechada de la inspiración arquitectónica del hombre industrial”.
La cuestión es cómo enfocar el aprendizaje que se puede desprender del análisis de la arquitectura tradicional. Y la respuesta tiene incluso algún que otro precedente. En los años 20 y 30 el Movimiento Moderno puso también su mirada en la arquitectura tradicional como ejemplo de definición formal a través de la optimización funcional del espacio doméstico. El problema al que se enfrentaba Europa en esos momentos era en definir una arquitectura eficaz en la reconstrucción de post-guerra, que simplificara los procesos de producción masiva de vivienda2. En ese contexto las referencias de los arquitectos más destacados hacia la arquitectura popular como ejemplo de matrimonio perfecto entre forma y función, condujo a un cierto interés en el estudio de la arquitectura tradicional, que en España tuvo uno de sus ejemplos más destacados en los trabajos de García Mercadal y el GATEPAC, ambos formando a la vez parte de las expresiones visibles de la vanguardia del Movimiento Moderno anterior a la Guerra Civil.
El intento de explicar la forma desde la función óptima podría tener, hoy en día, un paralelismo posible en la lectura de la arquitectura tradicional desde la ecoeficiencia. En definitiva se trata de poner en valor los mecanismos que ligan criterios de sostenibilidad (los bioclimatismos entre ellos), modos de producción y el binomio forma-función en los edificios. La arquitectura tradicional generó sus formas en un proceso de depuración a lo largo de periodos muy largos de tiempo, con modificaciones continuas, realizadas por generaciones de habitantes, hasta decantar un espacio doméstico y productivo que aprovechaba al máximo técnica y culturalmente los límites ecológicos del ecosistema local. Hoy en día las modificaciones de ajuste han de ser, en su mayor parte, sustituidas por un diseño a priori de la vivienda, articulado con un sistema de producción que ha de contar con la intermediación de un sistema promocional, ya sea público o privado y de una industria de la construcción, con posibilidades técnicas que en muchos casos fuerzan los recursos no sólo de los ecosistemas locales sino de ecosistemas lejanos. Con estos mimbres el arquitecto actual ha de recuperar formas de pensar análogas a las que se han demostrado como sostenibles en la arquitectura tradicional y recomponerlas en las condiciones de producción existentes para conseguir formas que respondan a las exigencias ecológicas y sociales de hoy en día. No se trata de copiar formas, ni soluciones tecnológicas, sino de copiar metodologías.
En realidad lo importante sería entender cómo se plantean y resuelven los problemas, relacionado y valorando los objetivos o fines con los medios para conseguirlos. A modo de ejemplo vamos a analizar un problema mucho más sencillo que el acondicionamiento de un edificio: el enfriamiento del agua potable en un ambiente caluroso. La tecnología moderna ha resuelto este problema mediante la compleja máquina que denominamos refrigerador, con unos resultados muy eficaces si consideramos sólo la temperatura del agua, pero bastante cuestionables si consideramos el alto consumo de recursos materiales (aluminio, gases refrigerantes, etc.) y energía que se consume para ello. Por el contrario, la sabiduría popular ha desarrollado en España un simple artilugio denominado botijo que consiste en una vasija de barro en la cual el agua del interior se filtra hacia el exterior gracias a la porosidad del material, evaporándose en su superficie por el calor exterior y por tanto enfriando (además en relación proporcional al calor externo) en este cambio de estado el agua que permanece dentro del botijo. La optimización entre medios y fines no puede ser mayor: se trata de un simple dispositivo de barro con un consumo mínimo, mantenimiento nulo y perfectamente reciclable. Lo ique planteamos no sería simplemente la adaptación a la estética contemporánea del botijo, o la búsqueda de nuevas formas y diseños a partir del modelo original3, sino el desarrollo de nuevos artilugios que resuelven problemas distintos utilizando razonamientos similares: es el caso de la cantimplora, cuyo funcionamiento térmico es análogo al del botijo, si bien responde también a otras cuestiones como la de ser fácilmente transportable, irrompible, etc.


Conclusión
En definitiva, la experiencia del ser humano demuestra que es posible, utilizando referentes culturales propios tanto de la arquitectura tradicional como de la arquitectura contemporánea donde éstos se adaptan formal y funcionalmente a su entorno, generar una arquitectura para el siglo XXI con criterios de sostenibilidad competentes que se puedan incorporar a las condiciones de producción con las que se desenvuelve el sector en España.


Bibliografía
CHOMBART DE LAUWE, Paul Henri, La Ciudad antigua. Paris: Maspero, 1963.
GARCÍA MERCADAL, Fernando, La casa popular en España. Madrid: Espasa Calpe, 1930.
GIVONI, Baruch, Man, climate and architecture. Amsterdam: Elsevier Publishing C. L., 1969.
MAZRIA, Ed, Passive solar energy book. Emmaus, Pa: Rodale Press, 1979.
OLGYAY, Victor, Design with climate. Princeton: Pricenton University Press, 1963.
MC HARG, Ian, Design with nature. NY: Doubleday, Natural History Press, 1967.
RUDOFSKY, Bernard, Breve introducción a la arquitectura sin genealogía. Buenos Aires: Eudeba, 1973.
Fuente: Revista UNAM

Autores: Eduardo de Santiago Rodríguez, Francisco Javier González González, Ana Pérez Minuelo (excepto conclusión)

Desarrollo Sostenible: Transición hacia la Coevolución Global.





La tierra necesita un cambio. Esa es una afirmación que ahora, 15 años adentro del siglo XXI, nos parece evidente. Sin embargo no fue hasta hace unos años cuando se empezó a tomar conciencia de este hecho. En este libro, del que sólo comentaremos la parte de introducción al problema, se dejan patentes los motivos por los cuales el cambio es necesario urgentemente.

Desde la conciencia global debemos tomar la determinación de cambiar el capitalismo individualista  por una distribución de la riqueza más equitativa. El problema de todo reside en la percepción que la gente tiene de avance: Avance en el mundo capitalista es crecimiento. Pero, ¿no sería más justo y razonable pensar en avance como cambio? Pensar en el ser humano como familia residente del ecosistema planeta quizá fuera la solución a nuestro egoísmo consumista.

El crecimiento económico se basa en la constante aportación de recursos naturales al tejido industrial, motivado por el implacable poder que la bolsa tiene sobre la supervivencia de las empresas la cual siempre es impulsora del crecimiento como supervivencia de la bancarrota. Esa esquilmación de los recursos y la destrucción de los ecosistemas son los heraldos de la desigualdad entre continentes, ya que las fuentes de recursos naturales se encuentran principalmente en el mundo subdesarrollado.

Consumo de agua por países
Pero ¿Cuánto puede crecer la economía de forma constante? Si el sur consumiera de la misma manera que los países desarrollados, algo a lo que tienen derecho como mejora de la calidad de vida de los seres humanos, el aumento de consumo de los combustibles fósiles se multiplicaría por diez, los recursos minerales por doscientos por poner un ejemplo. Y no nos olvidemos de que el 20% de la población mundial no dispone de agua potable corriente, que se necesitaría de los ecosistemas circundantes a las poblaciones y de la creación de embalses. Entonces entendemos que el crecimiento económico se hace mediante la incorporación de los recursos ambientales al tejido industrial, como dijimos antes, lo que nos permite calcular de manera intuitiva el límite físico de este crecimiento ilimitado en un planeta finito. Consumimos 1/4 de los recursos primarios globales netos, los cuales son proporcionados por la naturaleza a través de la fotosíntesis (entendemos que los productos cárnicos finalmente necesitan km2 de terreno para alimentarse y que los recursos minerales simplemente no son sostenibles porque no hay una renovación de los mismos) Por lo tanto las posibilidades de crecimiento se limitan a 4 veces el actual, hasta que se ponga en el tejido el 100% de los recursos globales. ¿Y entonces qué? ¿Será ahí donde nos daremos cuenta de que el crecimiento tiene límites? ¿Condenaremos al tercer mundo a un eterno subdesarrollo?


Lo que está claro es que el término Crecimiento Sostenible es una falacia, un oxímoron. Debemos optar por el Desarrollo Sostenible que sea capaz de garantizar la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras.