Mostrando entradas con la etiqueta Marcelo Alvarez Bonet.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcelo Alvarez Bonet.. Mostrar todas las entradas
viernes, 15 de mayo de 2015
sábado, 18 de abril de 2015
PROYECTO ESPACIO DE CREACIÓN ARTESANAL
CREACIÓN ARTESANAL
Estrategia de concepto del habitar de forma híbrida, nexa con la creación artesanal, proyectando una serie de viviendas de carácter estable para los artistas, ademas plantear un grupo de alojamientos de carácter temporal, talleres de trabajo para artistas y personas de todas partes, y equipamiento dotacional necesaria.
ANÁLISIS DEL PARCELARIO EXISTENTE
El planteamiento vivienda-artista y todo lo que conlleva se aborda a partir del estudio de las parcelas y sus usos actuales. Estudiado esto se quiere organizar de forma coherente las parcelas para darles usos que se adoptaran a las exigencias del proyecto, y así poder ordenar el casco histórico de Jerez de forma sostenible.
NUEVOS ESPACIOS
Se pretende hacer el casco histórico un foco de interés para los habitantes y para el publico en general. El resultado de la producción artística hace participe tanto al ciudadano mediante exposiciones urbanas, como al visitantes podrá acceder al interior de los talleres, para mostrarle los trabajos, fases, los objetivos artísticos.
REORGANIZACIÓN DEL PARCELARIO PROPUESTO
Mediante este proceso mi proyecto consiste en elaborar una definición del casco histórico de Jerez en el que organiza, estructura y envuelva a las unidades residenciales y dotacionales, incluyendo espacios comunes, así como el planteamiento de zonas intermedias entre las distintas edificaciones.
viernes, 10 de abril de 2015
Artists Open House
Nuevos Espacios.
Con el estudio del proyecto de rompemoldes,
propongo una propuesta que abordara la confirmación de un conjunto asociado al
mundo de las artes en el deberán quedar incluidas varias necesidades
habitacionales y dotacionales. El requisito contendrá una serie de viviendas de
carácter estable para los artistas que llevan a cabo su actividad profesional
en el interior del conjunto. Una labor llevada a cabo en un conjunto de talleres,
asociados, o no, a las viviendas y que serán espacios de producción de unos
profesionales ligados al arte en múltiples versiones.
Por otro lado, propongo el
planteamiento de un grupo de alojamientos de carácter temporal repartidos por
el casco histórico de Jerez, asociados con otras habitantes que, de manera
esporádica, habitaran el conjunto con uno u otro motivo. Artistas, artistas
colaboradores, aprendices… que, durante un espacio de tiempo se alojaran en
unas viviendas de carácter particular. Y es que estos alojamientos deberán
recoger en su configuración la temporalidad del alojamiento, para adaptarse, en
la mayor medida posible, a los requisitos habitacionales del grupo.
Se pretende hacer del propio
proceso de producción de la obra artística un foco de interés para los
habitantes del entorno y para el público en general. El resultado de la
producción artística, así como el fruto de dichas labores podrán se mostrados,
haciendo participe así tanto al ciudadano mediante exposiciones urbanas y
actividades, como al visitante podrá acceder al interior de los talleres, para
mostrarle los trabajos, fases, los objetivos perseguidos y alcanzados, etc.
Mediante este proceso mi
proyecto consistiría en elaborar una definición del casco histórico de Jerez en
el que organiza, estructure y envuelva a las unidades residenciales y
dotacionales, incluyendo espacios comunes, así como el planteamiento de zonas
intermedias entre las distintas edificaciones.
Viviendas de Carácter Estable para Artistas.
Se pretende configurar un
conjunto de viviendas, al menos, con un programa definido por las
prescripciones para la vivienda protegida.
Se trata de llevar a cabo un
ejercicio domestico de viviendas que estructuran distintas edificaciones
repartidas por el casco histórico de Jerez, la organización de los espacios, el
análisis de la relaciones entre espacios privados y espacios público, así como
la flexibilidad y versatilidad del conjunto histórico. El valor que puede
llevar a cobrar el aprovechamiento óptimo de la superficie disponible. Por
ello, la investigación de las parcelas para elaborar un estudio que relaciones
las dimensiones de las parcelas con el conjunto de taller-vivienda.
Las viviendas podrán estar
comunicadas directamente, o no, con el espacio de trabajo.
En cuanto a la dotación de equipamiento, aparte del planteado en las
viviendas, los habitantes podrán utilizar los equipamientos incluidos en los
conjuntos del casco histórico.
Alojamientos Temporales.
Ligados con las viviendas de
carácter estable para los artistas, se proponen viviendas temporales en régimen
de alojamiento, relacionadas o no con las viviendas estables. Viviendas con una
dotación de equipamiento mínimo, directamente relacionada con su tamaño, acotado
y reducido como una unidad habitacional. En cada una de ellas se estructuraran
teniendo como base las parcelas del casco histórico.
Sertan por tanto viviendas en las que la adaptabilidad y la plurinacionalidad
de los espacios permitirán su adecuación a circunstancias y necesidades vitales
diversas. Cada alojamiento temporal en el casco histórico de Jerez deberá
trabajar con unas viviendas flexibles, que permitan a sus ocupantes dar
respuestas a situaciones de temporalidad, permitiéndoles asumir unos patrones
de vida particulares, y relacionarlos con los espacios públicos.
Talleres de Trabajo.
Completando la dotación de
carácter habitacional, y como protagonistas de los conjuntos en el casco
histórico tan particular se propones dotar de talleres de trabajo. Unos
talleres a los que se pretende dotar con la espacialidad necesaria para
posibilitar la realización de todo tipo de artes: restauración, cerámica,
pintura, fotografía, incluso contar con escuelas de baile relacionadas con el
flamenco y los bailes regionales de Jerez.
Los talleres podrán estar o no
en relación directa con las viviendas, esto se base en el trabajo que se
realizara en los talleres. Puede incuso que talleres puedan estar no asignados
a un artista en concreto, sino que varios artistas puedan trabajar en un
conjunto con las características necesarias para poder realizar sus trabajos.
El planteamiento de los
espacios expositivos en tan amplio que serán también un campo de trabajo
fundamental.
La elaboración de las estructuras de los conjuntos en el casco histórico
de Jerez tendrán en todo momento presente la dualidad habitacional y
profesional en el que se fundamenta el trabajo, resultando así fundamental el
estudio y diseño de los espacios comunes que forzaran las relaciones entra las
distintas edificaciones y entre los ciudadanos y artistas.
Equipamientos Comunes.
La propuesta deberá contar con
una necesaria infraestructura de dotaciones de carácter común a todas las
viviendas, talleres y espacios explosivos en el exterior del casco histórico
que guardaran relaciones unas con otras.
Se plantean espacios de usos
complementarios al doméstico y a la artesanía como cafeterías, lavanderías,
bibliotecas, espacios polivalentes, zonas verdes, zonas expositivas, etc. En
sentido, se deberá definir un programa particular según el carácter global que
haya dado en cada conjunto parcelario.
Espacios comunes que, que se
utilizaran para abrir al público y hacer partícipes de las actividades
artísticas llevadas a cabo por los artistas.
Los espacios comunes a
dispones recogerán actividades y necesidades vinculadas o asociadas a los
conjuntos edificados.
Indice de Estrategia.
Propongo unas estrategias que
me sirvan de guía para abordar el proyecto. Una base que consiga estructurar el
trabajo para la facilidad de comprensión.
Estrategia 1: la cualificación
del espacio público.
Estrategia 2: el estudio de la
sección.
Estrategia 3: equipo y
estancia.
Estrategia 4: la flexibilidad
en la vivienda.
Estrategia 5: vivir la
colectividad.
Estrategia 6: el espacio
intermedio.
Estrategia 7: ciudad vertical
y ciudad horizontal.
Estrategia 8: vivienda y
rehabilitación.
Estrategia 9: células
prefabricadas.
Etiquetas:
Artesania,
Carlos Morcillo González,
Marcelo Alvarez Bonet.,
rompemoldes
viernes, 20 de marzo de 2015
“En México sigue habiendo vocación por lo grandilocuente”
Fernando González Cortázar (México DF, 1942) vive desde hace 25 años en una casa construida antes de que él naciera. Está ubicada muy cerca del Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México y si adentro abundan los libros, afuera las plantas se pelean por el espacio. Tiene dos invernaderos, un jardín y una azotea que contienen, sobre todo, plantas del desierto. Muchas poseen una etiqueta colgada con su nombre y fecha de siembra. Cuenta que cuando vivía en Guadalajara (Jalisco) tenía, además, varios animales. Diversas especies de loros y otras aves. Pero también llegó a tener 54 monos. “Son palabras mayores, lo sé. Originalmente no eran tantos, se fueron reproduciendo. Por fortuna, entre toda la familia, siempre pudimos atenderlos. Es que la naturaleza es el único lugar donde está la misma grandeza y riqueza que encuentro en el arte, en la arquitectura concretamente”, dice este hombre de aspecto quijotesco y voz grave que ha venido a España para presentar su más reciente libro, Las Torres de Ciudad Satélite (Arquine), y para conocer a su nuevo nieto.
Un día antes de esta conversación, el también escultor, paisajista y urbanista estaba en un rincón de hospital enchufado a una botella de suero. “Todavía sigo un poco mal. De todo. De los bronquios y los intestinos. De los ojos. Un catarro que no me deja. Pero aquí estoy”, dice ahora, mientras se acomoda la boina e intenta aplacar su barba alborotada con la mano derecha. El creador de inmuebles como el Museo del Pueblo Maya, el Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, en México, o de la Fuente de las Escaleras de Fuenlabrada, en Madrid, y La Columna Dislocada, en Japón,era un niño de cuatro años cuando llegó a Guadalajara, en el occidente de México, donde empezó a aficionarse a las rancheras. Gastaba la paga de los domingos en discos de 78 revoluciones que ponía una y otra vez en casa para aprenderse canciones como México, lindo y querido o Ay, Jalisco, no te rajes. “La música popular mexicana es una de las grandes pasiones de mi vida, es un eterno motivo de felicidad y, por lo tanto, de gratitud. Pero, además de las rancheras, pronto me interesé por los boleros. Esa música romántica es el verdadero género musical latinoamericano”, apostilla con media sonrisa.
El arquitecto que el escritor Carlos Monsiváis definió como un “utopista, artista público y creador responsable” se retuerce en una silla, frente a un ventanal desde donde se ve el Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid, y carraspea antes de hacer un balance de la arquitectura mexicana reciente: “nuestro movimiento de integración plástica, como fue llamado, provocó obras maestras como la Ciudad Universitaria del Distrito Federal. Pero eso se ha ido diluyendo. Sin embargo, sigue habiendo vocación por lo monumental o, incluso, lo grandilocuente. Hay una especie de monumentalismo ficticio forzado en gran parte de la arquitectura mexicana que se hace en este momento. Lo mexicano es más rotundo, más vociferante, más desacomedido que otras arquitecturas latinoamericanas En gran medida seguimos siendo herederos del gran muralismo, de esa vehemencia.”
De entre todos los arquitectos mexicanos, González Cortázardestaca la obra de Luis Barragán(“uno de mis padres intelectuales”) y lo compara con los libros de Juan Rulfo. “Dos hombres nacidos en Jalisco, ¿eh?”, se jacta y continúa: “Encuentro en ellos esa misma densidad del vacío. Monsiváis [Carlos Monsiváis, escritor y periodista mexicano] decía que Rulfo convirtió los arcaísmos en una novedad absoluta. Con Barragán sucede lo mismo. Esa es la condición atemporal de su trabajo. Cuando uno lee a Rulfo cree leer a un campesino, sabiendo que nunca un campesino ha hablado así. Lo mismo pasa con la arquitectura de Luis Barragán: uno cree estar viendo una arquitectura popular a sabiendas de que jamás ha existido algo parecido en la arquitectura popular”.
Pero si hay algo que lamenta el creador que al construir recintos públicos considera que sus clientes son los ciudadanos y no el gobierno (“hay que trabajar pensando en el espacio público que mejore las relaciones sociales”), es que la arquitectura no suela aparecer en las políticas culturales. “Por ignorancia, por estupidez, por deficiencia cultural de los poderosos. Si hay un arte que defina el perfil de una sociedad y de un momento histórico es la arquitectura. En ella se resume todo el clima espiritual de un momento y es lo que perdura más allá de la vida humana. ¡Nadie puede decir que no es importante!”
Cuando el año pasado recibió la Medalla de Bellas Artes del Gobierno de México, como un homenaje a su trayectoria, dijo en su discurso de aceptación que era “un arquitecto con mucha obra soñada y poca realizada.” “Porque no he podido hacer un montón de proyectos”, explica ahora. “Dentro de la infinidad que se me han quedado en el papel o en la maqueta, hay algunos de muy audaces. Pero si ahora tuviera la oportunidad de hacerlos, ya no los haría. Porque prefiero seguir soñando. Porque el día que se me acaben los sueños se me acaba la vida. Lo que hace válida a una obra de arte es la congruencia entre el autor y sus circunstancias. El sacar del archivo algo que pensé, cuando yo era otro, para hacerlo ahora, no dejaría de tener un factor de falsedad. Si apareciera un mecenas, le diría: mejor dame la oportunidad de crear algo que tenga que ver con el que soy ahora. Como una ciudad entera, por ejemplo. Una ciudad donde se concilie lo urbano con la naturaleza.”
Para recargar energías, el hombre que un día llegó a tener 54 monos viaja a África. “Ahí están juntos el prodigio y el horror. El prodigio es la naturaleza, el horror la sociedad. Pero ahí he encontrado la dignidad del mundo. Sobre todo en el sur de Etiopía, donde toda la gente merecería un monumento del tamaño de la estatua de la libertad.” Al volver a su casa, pasa por el sitio donde nació y recuerda el origen de su destino. “A mí no me parieron en un hospital. Nací en una casa construida por Luis Barragán. No era una maravilla de casa, porque es de la época en que Barragán estaba aprendiendo. Pero me gustaba. Y era un honor que fuera suya. La casa donde vivo ahora está a dos calles de distancia de esa. Fíjate qué poco he andado: ¡todos los años que tengo no me han servido más que para caminar dos calles!”
Etiquetas:
Marcelo Alvarez Bonet.
Tramallol - El Barrio de Fiesta
Estamos de enhorabuena en los alrededores de Pasaje Mallol pues este sábado hay varios eventos por el barrio que son dignos de celebrar: En primer lugar el aniversario del Huerto del Rey Moro, en segundo una nueva edición del mercapuma celebrando el 3er aniversario de esta moneda social; el otro caso es la apertura de un nuevo espacio a cargo de amigas arquitectas. Estaremos presentes en persona y arroces.
En nuestras propias chapas, el mismo sábado recibimos el taller: Fanzine Colectivo, previo a la VI Feria Anarquista del libro que comienza a partir del día 19. El domingo, por supuesto, paella de paellaehijos.
Para las siguientes semanas ya os anunciamos que la cosa va de talleres: Tekeando:Mi bote de leche es un robot, Piperrak Urbano: Creación de jardines verticales y muros verdes y El Obrador de Pasta: Iniciación a la pasta fresca. ¡No perdáis la oportunidad!
Para mas dudas consulte la pagina web:
http://us8.campaign-archive2.com/?u=ac9a08e2986dd133bbd0ad18e&id=15055a879e
Etiquetas:
Marcelo Alvarez Bonet.
viernes, 27 de febrero de 2015
Las ciudades, sumideros de energia
EL PROBLEMA Y LAS ACCIONES.
En las ciudades debería
llevarse a cabo planes de actuación para el uso racional de la energía en los
sectores de transporte, del comercio, de servicios y usos domésticos.
En los últimos cincuenta años la población
mundial casi se ha duplicado en su conjunto. La tasa de nacimientos en zonas
urbanas y el desplazamiento a las áreas rurales han hecho que más del 50% de la
población mundial viva en ciudades.
Este
proceso progresivo de crecimiento de las zonas urbanas es un problema pero a la
vez un reto que no empieza a asumirse desde la Cumbre de la Tierra, celebrada
en Río de Janeiro en 1992, cuando la preocupación por el desarrollo sostenible
de las ciudades comienza a tomar cuerpo. No es novedad que la mayoría de los
principios y estrategias establecidas han quedado en meras declaraciones. La
Agenda 21 Local podría considerarse el único documento que ha experimentado un
desarrollo después de la cumbre de Río de Janeiro.
LAS CIUDADES Y LA ENERGÍA.
Las principales preocupaciones
de los procesos de desarrollo sostenible se llevan a cabo en cuatro ámbitos
principales: reducción de residuos, conciencia pública, calidad de agua y
embellecimiento y mejora de las ciudades. No se detecta una preocupación definida
sobre los problemas derivados de la gestión inadecuada e insostenible de los recursos
energéticos en las áreas urbanas.
Las
ciudades se comportan como verdaderos sumideros de energía y, en consecuencia,
es el tratamiento de este problema uno de los retos de la sostenibilidad en
áreas urbanas. Problema que, si consideramos la tendencia generalizada a la
concentración de la población en ciudades, se ira agravando con el paso de los
años.
CONSUMO ENERGÉTICO, CIUDADES Y CIUDADANOS.
El sector industrial ha sido
el gran demandante de energía en décadas pasadas. Estas industrias, no se relacionan
con el fenómeno urbano ni con la valoración de la demanda energética en
ciudades y áreas metropolitanas, aunque marcan las características del entorno,
en especial en el medio ambiente.
El consumo energético en uso doméstico y en
servicios es un concepto eminentemente urbano. La sanidad, educación y, en
general, la oferta de bienes públicos consumen una cierta y creciente cantidad
de energía, pero son otros sectores, también demandados, los que precisan aportes
energéticos muy significativos. En las ciudades del Primer Mundo, se observa un
aumento del consumo energético de los hogares, que está relacionado con la
sensación de confort y con la capacidad de gasto asumible por los consumidores
en un sistema liberalizado y en el que los hábitos de consumo están viciados.
Aun así, el problema más acuciante de estas
ciudades y áreas metropolitanas es el referido al transporte de personas y de
mercancías. El crecimiento de las viviendas y zonas residenciales no va
precedido, por norma general, de las convenientes infraestructuras para el
servicio de la población, que implique una necesidad de movilidad menor y mejor
organización.
Otro
problema energético inherente a las ciudades del Primer Mundo es el asociado al
tiempo de ocio. El disfrute que se hace de la ciudad es muy relativo, lo que
conlleva salidas con excesiva frecuencia. Siempre ha existido este tipo de
movilidad, pero en la actualidad es más intensa.Conclusiones principales sobre las ciudades y la energía se puede explicar mediante varias soluciones. Debería llevarse a cabo un conjunto de planes de actuación para el uso racional de la energía en los sectores del transporte, del comercio, de servicios y usos domésticos. Las administraciones públicas deben dar ejemplo con buenas gestiones energéticas llevabas a cabo en sus actividades, edificios y servicios. Es necesario la elaboración de planes de movilidad con atención prioritaria al uso de medios públicos de transporte. Las ciudades y áreas metropolitanas son responsables de la mitad de las emisiones de CO2 por su consumo de combustibles y electricidad. La mala planificación urbana es un factor crítico en el elevado consumo energético en transporte. Es urgente optimar los edificios desde el punto de vista energético. La calefacción es el mayor demandante de energía. Aislamientos en ventanas, doble cristal y otras medidas son imprescindibles.
Etiquetas:
Marcelo Alvarez Bonet.
jueves, 26 de febrero de 2015
Arquitectura Sostenible para el Siglo XXI
El Imperativo de la Sostenibilidad
La sostenibilidad – o el camino hacia ella- será un imperativo del siglo XXI. En un planeta que, desde el punto de vista físico, es un "sistema cerrado" en términos de recursos materiales y que sólo puede considerarse como un "sistema abierto" en términos energéticos, gracias al aporte de la energía procedente del sol, resulta ineludible abordar la finitud de los recursos materiales y energéticos, reconduciendo los procesos humanos hacia las fuentes renovables y el consumo material mínimo.
Como es sabido, la construcción y el gasto doméstico son responsables del 50% de la energía consumida en el planeta, el transporte de otro 25% y la industria del 25% restante. De modo que el diseño del hábitat humano, desde la ciudad hasta la vivienda, resultan ser transcendentales para reconducir los ineficientes patrones de nuestras sociedades hacia el camino de la sostenibilidad.
La cuestión bioclimática en la arquitectura, desde la Revolución Industrial hasta el Eco-tech
La Revolución Industrial introdujo la idea de que el hombre podría liberarse, a través de la tecnología, de las limitaciones impuestas por la naturaleza, de las penalidades del mundo físico. En términos urbanísticos y arquitectónicos ésto supuso que las ciudades perdieran su tradicional equilibrio e integración con el entorno –abasteciéndose de recursos y desplazando sus vertidos a otros territorios, todo ello posibilitado por el desarrollo de nuevos medios de transporte y almacenamiento de materiales y energía- y que los edificios se encerrasen en sí mismos buscando el acondicionamiento climático perfecto ofrecido por la tecnología, para superar definitivamente las inclemencias climatológicas, la adversidad del medio exterior. Para ello, los edificios se volvieron máquinas herméticas y aisladas de un medio externo que se entendía sistemáticamente como hostil, y se centraron en la creación de un clima interior regulado artificialmente, lo cual sólo fue posible a costa de un elevado consumo energético.
El Movimiento Moderno genuino propuso –además de la racionalización, el funcionalismo y la estandarización/industrialización de los procesos constructivos- un modelo de arquitectura fuertemente abstracta, en el sentido en que no hacía referencia –como tradicionalmente venía siendo habitual- al lugar donde se instalaba, sino que se limitaba a plantear un juego formal de volúmenes prismáticos con una importante voluntad de inmaterialidad en su configuración exterior (planos exteriores tersos, blancos, frente al material inmaterial por excelencia: el vidrio, esquinas desmaterializadas, etc.) representando así su alejamiento figurativo del mundo físico. Como máximo, el afán higienista llevó a buscar el soleamiento en las viviendas, produciendo ese alineamiento heliotrópico característico de los bloques lineales que hoy resulta un tanto ingenuo. A este modelo se le denominó "estilo internacional" y se difundió, como su nombre indica, a escala planetaria, obviando e imponiéndose sobre las formas de habitar autóctonas que estaban soportadas por siglos de evolución adaptativa al medio en que se asentaban.
Porque si volvemos la vista atrás, a la historia de la arquitectura previa a la Revolución Industrial y a la arquitectura popular tradicional, encontraremos numerosos ejemplos en los que la sostenibilidad está presente, ya que la integración en el medio y el consumo eficiente de materiales y energía eran entonces cuestiones ineludibles ligadas a la mera supervivencia humana.
No obstante, también dentro de la arquitectura de vanguardia del siglo XX pueden encontrarse ejemplos de sensibilidad hacia el medio y de integración en éste. Más allá de ese Movimiento Moderno ortodoxo y heróico –por su voluntad rupturista con la historia- propio de los primeros tiempos, la segunda generación de los años 50 y 60 demostró una sensibilidad mucho mayor hacia el lugar y el medio en que se implantaban los edificios. La evolución del mismo Le Corbusier es muy ilustrativa a este respecto: si en el comienzo de su carrera se interesó (de la mano de Carrier, padre del aire acondicionado) por la “respiración exacta” de los edificios y por el “muro neutralizante” (junto al fabricante de vidrio Saint Gobain), tras el fracaso del gran muro cristalino de la fachada de la Ciudad del Refugio de París (1936) se replanteó la cuestión de la piel de los edificios, desarrollando la idea del “brise soleil”, para terminar con una aproximación al lugar y al clima mucho más apropiada en sus últimos proyectos de la India (villas Shodhan y Sarabhai, Chandigarh), gracias a una fructífera reinterpretación de la arquitectura vernácula. Entre las obras de casi todos los grandes maestros –quizá con la excepción de Mies van der Rohe- pueden encontrarse ejemplos que demuestran una cierta sensibilidad ambiental, tales como el Solar Hemicycle (casa Jacobs) de Frank Lloyd Wright, los edificios de Louis Kahn en Dacca o el proyecto de Lusaka, la mayor parte de la obra de Alvar Aalto, etc. Todavía fueron más sensibles aquellos arquitectos que desarrollaron su estilo personal mediante la síntesis de algunos principios del Movimiento Moderno (funcionalismo, racionalismo, etc.) con la adaptación al contexto donde trabajaron, separándose del “estilo internacional” para hacerlo regional –y por tanto más adaptado a las condiciones climáticas y a su contexto natural y cultural-: Luis Barragán en México, Sverre Fehn en Noruega, Ralph Erskine en Suecia, Hassan Fathy en Egipto, etc.
El objetivo de estos arquitectos, como el de los constructores anónimos de la arquitectura popular, no fue ya liberarse de la naturaleza, sino integrarse en ella, incorporarse a sus procesos sin alterar sus equilibrios. El medio exterior dejó de ser entendido no como un adversario, y pasó a considerarse como un aliado; incluso en condiciones climáticas extremas como en las que trabajó Erskine en el círculo polar o en los proyectos del desierto de Hassan Fathy, tal y como también han hecho en circunstancias similares los esquimales o los pueblos trogloditas de Túnez.
En los años 60 se publicaron los primeros textos que incidían en la integración de la arquitectura en el medio -como los de Ian MacHarg (1967), Victor Olgyay (1963), Baruch Givoni (1969) o Edward Mazria (1979)- sentando las bases teóricas y científicas de todos los aspectos técnicos relacionados con el confort humano y de lo que se denominaría arquitectura bioclimática. En los 70, la crisis del petróleo volvió a despertar el interés por la energía, y aparecieron las primeras generaciones de edificios que se autoproclamaban bioclimáticos. La principal preocupación de estas arquitecturas era la de conseguir un eficiente comportamiento térmico, por medio del cual desarrollaron un lenguaje que explotaba los recursos de los dispositivos de acondicionamiento ambiental pasivo o de captación solar, con una estética "militantemente bioclimática". Más allá de esta militancia y de su eficiencia energética, desde el punto de vista arquitectónico, la mayor parte de los edificios de esta época (por ejemplo, los de Thomas Herzog) no habían encontrado todavía un lenguaje arquitectónico capaz de incorporar los dispositivos bioclimáticos, de tal manera que su imagen oscilaba entre la de un extraño artefacto tecnológico y la del invernadero, y se quedaban, en muchas ocasiones, en el injerto o yuxtaposición de una serie de dispositivos ingeniosos para el control climático sobre una estructura figurativa previa, que nada tenía que ver con aquellos dispositivos.
El caso del automóvil
Algo similar había ocurrido, por ejemplo, cuando se inventó el automóvil; cuyos primeros prototipos simplemente injertaban el motor sobre la forma del carruaje, que era una estructura formal sobradamente conocida en aquel momento y cuya función podía asimilarse a la que estaba proponiendo el nuevo invento del automóvil; no fue hasta tiempo mucho después que se desarrolló un esquema figurativo propio y exclusivo para el automóvil, ya bien diferenciado del carruaje. La eficiencia de las prestaciones ligadas a la velocidad, la seguridad, la aerodinámica, etc., los avances tecnológicos y las condiciones de comercialización masiva han ido modelando, desde entonces, aquellos diseños iniciales hacia las bellas formas funcionales que hoy conocemos, produciendo un fructífero repertorio tipológico. Así, también los primeros edificios que se proclamaron bioclimáticos tenían aún algo de arquitectura convencional en la que se adosaban, injertaban o empotraban aparatos ecoeficientes o gadchets tecnológicos, metafóricamente análogos a los carromatos con motor.
A finales de los setenta y principios de los ochenta se produjo una nueva revolución tecnológica –para algunos tan importante como la revolución industrial- y con ella surgió la arquitectura high tech, que pronto se aliaría con esta línea bioclimática para producir el estilo híbrido del eco-tech, representado por Norman Foster, Richard Rogers, Renzo Piano, Michael Hopkins, etc. De modo que una parte de la cultura arquitectónica de vanguardia actual ha retomado como uno de sus ingredientes, de forma más o menos rigurosa, el diseño con criterios ambientales, sobre todo centrados en la eficiencia energética –es decir, en cuestiones bioclimáticas-. En todos estos arquitectos está presente de nuevo la fe optimista en la tecnología, que retoma las ideas de algunos pioneros como R. Buckminster Fuller o Jean Prouvé. Para Buckminster Fuller la tecnología era el medio para conseguir más con menos, lo que significaba la búsqueda de una eficacia profunda en la utilización de menos materiales, menos energía y menos tiempo. Esta noción es central en la mayoría de los arquitectos high o eco-tech, y supuestamente constituye el principal argumento expresivo de la arquitectura que producen, porque a diferencia de lo que ocurriera en los años 70, ya se ha encontrado un lenguaje arquitectónico con expresión propia capaz de incorporar eficazmente los dispositivos bioclimáticos o, en el mejor de los casos, cuyas primeras concepciones formales se derivan directamente de requerimientos relacionados con la sostenibilidad, tras haber sometido al proyecto arquitectónico a nuevas exigencias, tales como la eficiencia energética, el tratamiento de los materiales, la utilización del agua, etc. De este modo, puede decirse que las vanguardias eco-tech y high-tech han abierto una línea de experimentación formal ciertamente sugerente, partiendo de una transformación verdadera y completa de las reglas compositivas de formalización hasta ahora utilizadas y no de la mera superposición de una serie de gadgets tecnológicos sobre estructuras formales preconcebidas o tradicionales
Volviendo al concepto de tecnología de Buckminster Fuller, como idea, es difícil no compartirla. Incluso podemos encontrar también esta eficiencia en la arquitectura popular, ejemplar en el desarrollo de modelos óptimos con rendimientos máximos y mínimo consumo de materiales o energía. Sin embargo, en la mayoría de los edificios adscritos al eco-tech la supuesta eficiencia profunda no es tal, por más que las formas y la vistosidad de los diseños arquitectónicos se empeñen en destacar su supuesta optimización del consumo de recursos. En efecto, si –desde el punto de la eficiencia- se considera y contabiliza toda la energía y los materiales consumidos en todo el ciclo constructivo (desde la extracción de los materiales, su fabricación, puesta en obra, etc.), la vida del edificio (consumo energético para el acondicionamiento climático, mantenimiento, etc) y los residuos que éste genera, la mayoría de las arquitecturas eco-tech, o las que hoy se presentan como sostenibles, son muy poco eficaces según los parámetros de Buckminster Fuller. Posiblemente, el consumo energético para la fabricación de determinados materiales, el transporte de los mismos, los residuos futuros que generarán, etc. no compensen el ahorro energético que seguramente consigan en el aspecto del acondicionamiento térmico: en lugar de conseguir más con menos, consiguen más con más, lo cual nos aleja bastante de esa optimización buscada. De modo que, en pos de la verdadera eficiencia profunda, debe ampliarse la mirada desde la simple consideración de los aspectos bioclimáticos a las relaciones e interacciones complejas que forman parte del concepto mucho más amplio de la sostenibilidad.
Por otra parte, esta vía de innovación tiene serias limitaciones en sus planteamientos. La experimentación formal de vanguardia tiene como objeto, en la mayor parte de los casos, edificios de carácter singular, donde es habitual que se aplique la lógica del “prototipo construido”, de la obra única e irrepetible, y por lo tanto difícilmente extrapolable como solución generalizable para resolver un problema que ha adquirido una dimensión global, pues tal y como indicábamos al principio la mayor parte del consumo energético mundial está actualmente relacionado con la vivienda y los asentamientos urbanos.
Así pues, este tipo de propuestas suponen un paso más; pero aún muy insuficiente. La insostenibilidad de nuestros asentamientos se encuentra en el modo en que se produce masivamente la edificación residencial, en el modelo urbano que sirve de patrón a esta producción y en los hábitos de consumo asociados. En definitiva, si la vanguardia arquitectónica quiere contribuir en el esfuerzo de habitar de un modo más sostenible ha de entender que sus experiencias deben dotarse de un cauce para transvasar conocimiento y tecnología a la producción masiva de edificios.
Lecciones de sostenibilidad de la arquitectura popular
Si una parte fundamental del problema se encuentra en la insostenibilidad de nuestros asentamientos, revisemos por un momento otras etapas históricas en las que éstos tenían metabolismos con equilibrios duraderos.
Como nos recuerda Chombart de Lauwe, el sentido inicial de la ciudad fue la demarcación de un límite que separara el universo de lo humano del resto del Cosmos. En los actos fundacionales de la ciudad romana el arado marcaba un límite sagrado en el que la tierra que se levantaba había de verterse hacia el interior del recinto delimitado. La muralla medieval límite jurídico, fiscal, pero sobre todo social, permitía que floreciera una forma de vida con rasgos de autonomía y anonimato, algo que sólo es posible con una cierta masa crítica de intercambios, todos ellos clarificados por la existencia de un límite. La ciudad como forma de vida, como diría Wirth, históricamente ha sido posible porque ha existido un límite.
Este límite iba acompañado de la conciencia de que había un territorio finito y cercano (el alfoz de la ciudad medieval) servidor de su metabolismo urbano. Los recursos eran locales y la capacidad de transformarlos fue relativamente escasa hasta la incorporación de la Revolución Industrial y sus modos productivos al ámbito de lo urbano. Hasta ese momento, la producción del caserío estaba basada en la autoconstrucción, por lo que las soluciones de diseño y las técnicas constructivas debían estar muy ajustadas a los recursos accesibles en ese territorio local, y estos recursos debían de ser tratados de modo que no se agotaran unos mínimos para asegurar la reproducción social.
De este sistema organizativo aún quedan muestras en el mundo rural español. Por ejemplo, en la Sierra de Ayllón en la provincia de Segovia, al norte de Madrid, el sistema de asentamientos conformado por los núcleos pertenecientes a los municipios de Riaza y Ayllón están situados con separaciones que son proporcionales a la cantidad de pastos necesarios para mantener las cabezas de ganado que hay en cada pueblo. El control social sobre este sistema era muy alto ya que la salida del ganado al monte estaba colectivizada, las familias se turnaban en pastorear todas las reses del pueblo, con lo que el tamaño de la ganadería para que fuese operativo este mecanismo había de ser necesariamente limitada.
El control del territorio y conciencia del límite del crecimiento es llevado también a la construcción de las viviendas y por tanto, de forma extensiva, al sistema de producción del caserío. Veamos otro ejemplo. No muy lejos de la comarca de Ayllón, en la Sierra de Francia, también en el Sistema Central que divide en dos la meseta de la Península Ibérica, se encuentran pueblos con tipos edificatorios más elaborados en cuanto a su tecnología constructiva y por tanto formalmente distintos, pero que comparten con los de la Sierra de Ayllón esta lógica de austeridad e inteligencia en la explotación de los recursos. Los habitantes de esta comarca, cuando querían construir una casa cortaban un castaño de los montes comunales para prepara la “viga madre”, elemento estructural que simbólicamente aguantaba las dos plantas vivideras de la casa sobre la cuadra de la planta baja. El árbol del que se sacaba esta viga era repuesto por otro castaño para permitir que la siguiente generación pudiera a su vez construirse su casa. Este es sólo un ejemplo, pero nos permite afirmar que el funcionamiento de los asentamientos preindustriales se ajustaba bastante bien a la lógica de lo que hoy denominamos sostenibilidad, pues estaba perfectamente asumida la idea que los recursos son limitados y por tanto, si se utilizan, hay que reponerlos.
De las lecciones de la arquitectura tradicional al proyecto contemporáneo
La edificación como proceso sostenible puede tener en la arquitectura tradicional un referente claro para modificar la producción de vivienda convencional, que abre una vía en paralelo y complementaria de acumulación de conocimiento y experiencias que proceden de la experimentación formal de la arquitectura de vanguardia realizada con criterios ambientales. Como señalaba B. Rudofsky en Architecture without architects: “la filosofía y el conocimiento de los constructores anónimos es la mayor fuente no aprovechada de la inspiración arquitectónica del hombre industrial”.
La cuestión es cómo enfocar el aprendizaje que se puede desprender del análisis de la arquitectura tradicional. Y la respuesta tiene incluso algún que otro precedente. En los años 20 y 30 el Movimiento Moderno puso también su mirada en la arquitectura tradicional como ejemplo de definición formal a través de la optimización funcional del espacio doméstico. El problema al que se enfrentaba Europa en esos momentos era en definir una arquitectura eficaz en la reconstrucción de post-guerra, que simplificara los procesos de producción masiva de vivienda2. En ese contexto las referencias de los arquitectos más destacados hacia la arquitectura popular como ejemplo de matrimonio perfecto entre forma y función, condujo a un cierto interés en el estudio de la arquitectura tradicional, que en España tuvo uno de sus ejemplos más destacados en los trabajos de García Mercadal y el GATEPAC, ambos formando a la vez parte de las expresiones visibles de la vanguardia del Movimiento Moderno anterior a la Guerra Civil.
El intento de explicar la forma desde la función óptima podría tener, hoy en día, un paralelismo posible en la lectura de la arquitectura tradicional desde la ecoeficiencia. En definitiva se trata de poner en valor los mecanismos que ligan criterios de sostenibilidad (los bioclimatismos entre ellos), modos de producción y el binomio forma-función en los edificios. La arquitectura tradicional generó sus formas en un proceso de depuración a lo largo de periodos muy largos de tiempo, con modificaciones continuas, realizadas por generaciones de habitantes, hasta decantar un espacio doméstico y productivo que aprovechaba al máximo técnica y culturalmente los límites ecológicos del ecosistema local. Hoy en día las modificaciones de ajuste han de ser, en su mayor parte, sustituidas por un diseño a priori de la vivienda, articulado con un sistema de producción que ha de contar con la intermediación de un sistema promocional, ya sea público o privado y de una industria de la construcción, con posibilidades técnicas que en muchos casos fuerzan los recursos no sólo de los ecosistemas locales sino de ecosistemas lejanos. Con estos mimbres el arquitecto actual ha de recuperar formas de pensar análogas a las que se han demostrado como sostenibles en la arquitectura tradicional y recomponerlas en las condiciones de producción existentes para conseguir formas que respondan a las exigencias ecológicas y sociales de hoy en día. No se trata de copiar formas, ni soluciones tecnológicas, sino de copiar metodologías.
En realidad lo importante sería entender cómo se plantean y resuelven los problemas, relacionado y valorando los objetivos o fines con los medios para conseguirlos. A modo de ejemplo vamos a analizar un problema mucho más sencillo que el acondicionamiento de un edificio: el enfriamiento del agua potable en un ambiente caluroso. La tecnología moderna ha resuelto este problema mediante la compleja máquina que denominamos refrigerador, con unos resultados muy eficaces si consideramos sólo la temperatura del agua, pero bastante cuestionables si consideramos el alto consumo de recursos materiales (aluminio, gases refrigerantes, etc.) y energía que se consume para ello. Por el contrario, la sabiduría popular ha desarrollado en España un simple artilugio denominado botijo que consiste en una vasija de barro en la cual el agua del interior se filtra hacia el exterior gracias a la porosidad del material, evaporándose en su superficie por el calor exterior y por tanto enfriando (además en relación proporcional al calor externo) en este cambio de estado el agua que permanece dentro del botijo. La optimización entre medios y fines no puede ser mayor: se trata de un simple dispositivo de barro con un consumo mínimo, mantenimiento nulo y perfectamente reciclable. Lo ique planteamos no sería simplemente la adaptación a la estética contemporánea del botijo, o la búsqueda de nuevas formas y diseños a partir del modelo original3, sino el desarrollo de nuevos artilugios que resuelven problemas distintos utilizando razonamientos similares: es el caso de la cantimplora, cuyo funcionamiento térmico es análogo al del botijo, si bien responde también a otras cuestiones como la de ser fácilmente transportable, irrompible, etc.
Conclusión
En definitiva, la experiencia del ser humano demuestra que es posible, utilizando referentes culturales propios tanto de la arquitectura tradicional como de la arquitectura contemporánea donde éstos se adaptan formal y funcionalmente a su entorno, generar una arquitectura para el siglo XXI con criterios de sostenibilidad competentes que se puedan incorporar a las condiciones de producción con las que se desenvuelve el sector en España.
Bibliografía
CHOMBART DE LAUWE, Paul Henri, La Ciudad antigua. Paris: Maspero, 1963.
GARCÍA MERCADAL, Fernando, La casa popular en España. Madrid: Espasa Calpe, 1930.
GIVONI, Baruch, Man, climate and architecture. Amsterdam: Elsevier Publishing C. L., 1969.
MAZRIA, Ed, Passive solar energy book. Emmaus, Pa: Rodale Press, 1979.
OLGYAY, Victor, Design with climate. Princeton: Pricenton University Press, 1963.
MC HARG, Ian, Design with nature. NY: Doubleday, Natural History Press, 1967.
RUDOFSKY, Bernard, Breve introducción a la arquitectura sin genealogía. Buenos Aires: Eudeba, 1973.
Fuente: Revista UNAM
Autores: Eduardo de Santiago Rodríguez, Francisco Javier González González, Ana Pérez Minuelo (excepto conclusión)
|
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










